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| "Con justa previsión del porvenir, el mirador fue levantado en el centro de la manzana, como puntal del futuro crucero del Colegio" (Historia Centenaria del Colegio San José de Basilio Sarthou, 1960)
La historia del Observatorio del Colegio San José no comienza en 1981, año en que se iniciaron las tareas de reapertura, sino que se remonta a la segunda mitad del siglo XIX. Antes de convertirse en observatorio astronómico, el mirador del Colegio sirvió como lugar de penitencia para los pupilos y también como puesto de observación militar en otras épocas del país. En 1982 el Observatorio San José retoma oficialmente sus actividades como institución amateur en forma ininterrumpida hasta nuestros días. |
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Historia Centenaria del Colegio San José del padre Basilio Sarthou
Padre Basilio Sarthou
Miguel Garicotis (1797 - 1863)
Estatua de Diego Barbé sobre la calle Azcuénaga
Partida de la misión de Diego Barbé
Casa perteneciente a D. Tomás Rebollo que le alquiló al R.P. Barbé (1858)
La antigua casa pasó a ser pulpería, almacén y fiambrería (1928)
La esquina en la actualidad, ex bar Costa Verde, hoy La Folie
Placa recordatoria de la fundación del colegio en una de las paredes de la esquina de Bartolomé Mitre y Azcuénaga.
Año 1867, vista de la Plaza 11 de Septiembre (Plaza Once) con las carretas que llegaban con frutas, vinos, cueros, lana y madera. Al fondo se ve la cúpula de Balvanera y hacia la izquierda se ven las galerías del Colegio San José.
Año 1869, fotografía tomada mirando hacia la esquina de lo que hoy en día es Perón y Larrea. El aspecto es muy similar al de la fotografía anterior, todavía no estaban construidos la capilla, el salón de actos ni el minarete central. En Balvanera aún no estaban construidas los campanarios.
Año 1880, fotografía tomada desde una posición similar a la fotografía anterior. La capilla del colegio aún no estaba construida ni el salón de actos pero ya se había levantado el minarete central y nuevos pabellones.
año 1891, fotografía tomada desde lo que era uno de los patios del colegio, se observa el minarete pero ahora aparece la capilla terminada, todavía no está el salón de actos
Año 1918, fotografía tomada casi desde el mismo punto de vista que la anterior. El minarete ya cambió su aspecto y tiene la cúpula en su extremo. La torre es más pequeña debido a la construcción de salón de actos. Dibujo del año 1918, la manzana prácticamente presentaba el mismo aspecto de hoy en día.
Año 1934, vista desde el observatorio durante la visita del dirigible Graf Zeppelin, al fondo hacia la izquierda se observa la cúpula del Congreso.
En la actualidad, el paisaje ha cambiado notablemente, el Congreso apenas se distingue entre los edificios actuales
Padre Pommés (1837 - 1919) Fotografía del año 1895
Padre Lamane Fotografía del año 1909
Padre Taillefer (1866 - 1945) Fotografía del año 1909
Padre Mourié (1877 - 1958) Fotografía del año 1906
Padre Ramón Gay (1906 - 1974) Fotografía de la década de 1960 ó 1970
Antiguo Gabinete de Física (año 1985)
La bandera izada en el Observatorio, al lado se ve la antena de TV que se usaba cuando los sacerdotes vivían en el Colegio (año 1985)
Alumnos del curso haciendo prácticas en el antiguo Gabinete de Física (año 1985)
Alumnos del curso observando por el telescopio Mailhat (año 1985)
Alumnos haciendo observación solar (año 1985)
Izquierda: planilla de observación solar del OSJ donde se dibujaban las manchas solares observadas. Derecha: imagen del Sol obtenida por el satélite SOHO la cual se puede bajar del sitio web
El cielo nocturno en Buenos Aires, nótese la claridad debido a las luces de la ciudad
Curso de astronomía en el OSJ (año 2007)
El público visitando la Sala de Antiguos Instrumentos en eventos como las Jornadas Abiertas o La Noche de los Museos (año 2007) |
Introducción
Los comienzos del Colegio San José (extraído de la Historia Centenaria)
Era muy natural que los recién llegados misioneros consagraran alguna tardecita a recorrer la “Gran Aldea” que les había sorprendido, desde el barco, con su chata edificación salpicada, entre arboledas, por una docena de campanarios. En 1856, los 120.000 habitantes de Buenos Aires vivían esparcidos de norte a sur, entre los potreros del Retiro y del Riachuelo, con escasa edificación en los extremos y mayor densidad en el “Centro”, en torno a la Plaza de Mayo, llamada aún “de la Victoria”. En profundidad abarcaba unas diez cuadras, ya que los actuales barrios de Once, Palermo y Constitución, se hallaban en el descampado. El arroyo Maldonado marcaba el límite de la ciudad. Entre los sitios pintorescos descollaba el arrabal de Balvanera con su Plaza del Miserere, recién mudada en Once de Septiembre, tras un combate entre porteños y confederados, los potreros del Once, atestados de corrales, servían a la vez de matadero municipal, mercado de frutos y paradero terminal de centenares de carretas procedentes de todos los rincones del país. A la plaza la orillaba una amplia carretera pantanosa, ex camino real que se llamó después Federación y finalmente Rivadavia, obligada arteria de acceso para todo el comercio interior. No lejos de la plaza, la iglesia parroquial de Balvanera, solitaria en su manzana, dominaba el vecindario con sus torres. Allí se dirigieron los viajeros sin sospechar, por cierto, que, transcurridos unos meses, habían de fundar a su lado el Colegio San José. Regresaron los misioneros al anochecer, mientras los faroleros encendían las linternas esquineras. A las ocho en punto oyóse el toque de oración, nota de quietud. A media noche, la resignada voz del cuidador nocturno cantó su frase ritual: “Las doce han dado y sereno”…
A principios de 1858, el Padre Barbé encaró seriamente la fundación de un Colegio ya proyectado en Betharram por el Padre Garicoits. Por su gran devoción a Nuestra Sra. de Betharram, deseaba un local próximo a una iglesia de la Virgen y recorrió con ese objeto algunos barrios de la ciudad. Finalmente, en el barrio del Once y frente a la iglesia parroquial de Balvanera le agradó un modesto solar de planta baja, que medía 40 varas por 50, con un patio interior, perteneciente a Don Tomás Rebollo, que lo había utilizado como depósito de cueros y lanas y que se encontraba en Azcuénaga y La Piedad (hoy Bartolomé Mitre). El Padre Barbé lo alquiló en marzo por $600 mensuales de la época. La casa fue higienizada con apremio por haberse iniciado ya los cursos escolares. Además de la proximidad de Balvanera que serviría de capilla a la naciente institución, varias razones motivaron la elección de ese local, entre otras la posibilidad de adquirir terreno en la manzana anexa a la iglesia para la construcción del edificio propio, y la cercanía del Once, parada terminal de los lecheros vascos, procedentes de Flores, cuyos hijos concurrirían fácilmente a la escuela. El 18 de marzo, el modesto moblaje fue cargado en tres carros con la ayuda de algunos gauchos recién llegados del campo y del casero Rebollo quién entregó las llaves. El Padre Barbé y sus colaboradores ultimaron algunos aprestos y después de rezar, cada cual se acomodó para pasar la noche. Al día siguiente, fiesta de San José, después de saludar al párroco de Balvanera, ya enterado del objetivo, el Padre Barbé celebró la santa misa que bien puede llamarse de la fundación; luego, con serena confianza en el gran Patriarca elegido como protector, esperaron los primeros alumnos llamados a formar el modesto plantel del Colegio San José. Por la tarde del primer día acudieron sólo cuatro alumnos. Contados fueron los que ingresaron hasta fin de mes; en abril llegaron a 15; transcurridos dos meses, no alcanzaban a 20 entre internos, medio-pupilos y externos. El naciente Colegio se hallaba en peligro de expirar en la cuna. El pago de los alquileres y los gastos corrientes habían agotado los recursos de la casa…los demás Padres consultados aconsejaron el cierre del Colegio…era profundo el desaliento que amargaba al P. Barbé cuando se produjo la siempre salvadora intervención de Dios. Hallábase entonces al frente de la parroquia de Balvanera el Presbítero Dr. Angel Brid, de ascendencia vasca, quien había acogido con agrado la fundación del Padre Barbé. Empeñado en dar impulso a su parroquia, estimaba que el nuevo colegio le deparaba un oportuno auxilio. Así lo entendía también el buen Padre Barbé quien ayudaba al señor cura en todo lo posible, y resolvió poner en su conocimiento la angustiosa situación: “Si no vienen alumnos, iremos a buscarlos”, le respondió el Padre Brid. El mismo día, el párroco se puso en marcha; acompañado por el comisario local, Di Olallo Pico, recorrió las casas del barrio para recomendar a las familias el colegio del Padre Barbé. El éxito de esa campaña sobrepasó las esperanzas, pues acudieron cerca de 70 niños, entre ellos unos 20 pupilos hacinados en la casa de Rebollo que se volvió insuficiente y exigió un cambio de local. A fines de septiembre, el Padre Brid interesado en que el colegio permaneciera en las inmediaciones del templo parroquial, llamó a su despacho al Padre Barbé y le propuso de repente la compra de un terreno de 42 m de frente por 62 de fondo, situado en la calle Cangallo, en la misma manzana de Balvanera. Su dueño, el Sr. Alderete, necesitado de dinero, lo ofrecía en $35.000 de aquel tiempo y prometía al párroco una ayuda para su templo si se lograba efectuar la venta por su mediación. El terreno fue adquirido a mediados de octubre y abonado a duras penas con los ahorros del colegio. Bernardo Idiart, de recia estirpe vasca, cuyos hijos cursaban en la escuela, se ofreció para edificar el nuevo colegio, adelantando la suma necesaria que se le pagaría en mejor oportunidad. Entre tanto las clases siguieron en la casa de Rebollo hasta el 19 de marzo de 1859. Los 120 alumnos del Colegio apreciaron jubilosamente las comodidades del nuevo colegio.
Se erige la Torre (extraído de la Historia Centenaria)
Las crónicas del año 1888 mencionan un terremoto nocturno que aterró a los pupilos, pues agitó la campana y rasgó mármoles del lavatorio. A partir de 1912, la campana fue orientada hacia Larrea a fin de extender al patio mayor el imperio de sus tañidos; pero se comprobó que los embates de los vientos dispersaban su voz, lo cual dio paso a los timbres eléctricos...En cuanto a las broncíneas campanadas, se vieron reservadas para los tres rezos diarios del "Ángel del Señor".
La
construcción del Salón de Actos durante la segunda década del siglo
XX modificó el mirador, que debió ceder 2 metros a la
caja del escenario teatral, por lo cual escalera final de
la torre es muy empinada.
El
mirador del colegio, erguido cual fortín entre el escaso vecindario,
servía como observatorio del suburbio achatado, donde dominaban
los campanarios de los templos de La Piedad, del Carmen, el de Regina,
el del Salvador y la capilla Mater Misericordiae.
Desde el mirador el contorno ofrecía un marco de
paz en cuyas manzanas arboladas se ocultaban las casonas con alero,
huerta, jardín y palomar. En
1913, el
padre Pommés y el padre
Lamane concibieron la idea de instalar en el mirador
un observatorio astronómico. El telescopio
fue donado por el Dr. Sinforoso Molina, padre del alumno Conrado,
y estuvo alojado en la habitación del
padre Pommés hasta que fue instalado
en la cúpula al año siguiente. Los encargados de dar clases prácticas
de astronomía fueron los padres Taillefer,
Mourié, Guithou,
Grange y
Ramón Gay. El observatorio
funcionó en forma continua hasta la década de 1970, cuando muriera
el padre Gay, última persona que lo manejara. Lamentablemente no
ha llegado hasta nuestros días información detallada acerca de qué
tipo de actividades se realizaron en el observatorio, ya sea de
investigación, enseñanza o fotografía, desde su inauguración hasta
la muerte del padre Gay. Apenas nos llegan algunos datos a través
de la revista FVD, como por ejemplo una secuencia del movimiento
aparente del Sol en el cielo tomada por el Hermano Valentín en diciembre
de 1928 desde la Torre
(ver artículo en Revista FVD Observación del
movimiento aparente del cielo - año IX, enero 1929, Nº 95). Los sacerdotes de la Torre El padre Pedro Pommés (1837 - 1919) El padre Pedro Pommés ha sido imponente, no sólo por su presencia física, sino por la magnitud de la obra que le tocó realizar a la cabeza de los primeros religiosos, piedras fundamentales del Colegio. Llegado a Buenos Aires en 1859, este gigante rubicundo, parco en palabras y amplio en obras, con gran acopio de conocimientos prácticos, cayó enviado por la Providencia para el desarrollo del Colegio. Como prefecto de disciplina inamovible, organizó magistralmente la bella ordenación educativa de la casa; como arquitecto innato, edificó la parte antigua del Colegio, la capilla gótica y la casa de campo (Martín Coronado); como maestro enseñó ciencias físicas y naturales y construyó un ingenioso anemómetro para registrar la velocidad de los vientos. No fue literato, orador ni difundido en charlas. Sus comunicaciones eran claras y concisas, henchidas de autoridad; pero solía ser grato y sociable con los íntimos. "Como prefecto de disciplina, justiciero y educador, se mostró dueño de sí por fuerza de carácter, si bien la encendida cara y las orejas trémulas revelaban el freno interior", como lo fijo fielmente el Dr. Pedro N. Elicagaray, vicepresidente de los exalumnos. Lo que más llama la atención en la mentalidad del padre Pommés es su talento singular para acertar en todos los asuntos, reglamentos, programas, edificios, así en los detalles como en la magnitud de concepción. A los 60 años, fue llamado a Francia para la construcción de la "casa nueva" de Betharram. Regresó pronto para dirigir el estudiantado de Almagro y luego el Colegio de Montevideo donde murió en la víspera de Asunción lleno de días y méritos. En 1913, con motivo de las bodas de oro sacerdotales de los fundadores del Colegio, el padre Pommés fue agasajado por sus exalumnos cuya gratitud grabó más tarde su efigie en una placa de bronce que adorna los muros del Salón de Actos. El padre Pedro Taillefer (1866 - 1945) Llegado a Buenos Aires antes de 1890, fue sabio profesor del San José, prefecto de disciplina, consejero del Colegio con razonada ponderación. Transcurrieron en Francia los 35 últimos años de su vida dedicados en gran parte a la dirección espiritual. Religioso austero, de muy alta estatura y trato reservado, fue profesor de ciencias naturales, física y química con respetada autoridad dentro y fuera del Colegio. A su competencia debieron los gabinetes sus costosas colecciones de aparatos. Además, fue inventor de varios instrumentos, descollando entre ellos un productor de gas acetileno de positivo empleo anteriormente al uso de la electricidad. Dio prestigio al Colegio con su personalidad científica. El padre Gustavo Mourié (1877 - 1958) La personalidad del padre Mourié ha sido una de las más prestigiosas del Colegio San José, a fuerza de religioso excepcional y catedrático de alta jerarquía. Gradudado en Francia, cursó en Buenos Aires sus estudios eclesiásticos; fue destinado a profesor del curso comercial, luego del ciclo secundario. Dueño de todas las asignaturas, así en ciencias como en letras, gozó de amplia autoridad entre los alumnos y examinadores de física, historia, astronomía y trigonometría. Pese a su trato bondadoso con los discípulos, consiguió siempre orden y respeto merced a su nunca desmentida ecuanimidad. Lástima grande fue que el padre Mourié no escribiera magistrales textos de enseñanza, conforme su experiencia y capacidad; consintió sin embargo en prestar su colaboración a una obra de aliento y de alcance universitario: la difundida "Historia de la Civilización" (escrita junto con el padre Basilio Sarthou). Pasados los ochenta años, vio su salud debilitada; no pudo asistir a las fiestas del centenario del Colegio y se internó en el Hospital Francés, donde falleció el 18 de junio de 1958. El padre Ramón Gay (1906 - 1974) Como comentáramos anteriormente, el padre Gay fue la última persona que manejó el Observatorio y después de él estuvo cerrado hasta que fuera reabierto en 1981. Los miembros del OSJ no pudimos tener el placer de conocerlo pero sí han llegado hasta nosotros los testimonios de exalumnos que lo tuvieron como docente y que nos hablan de una gran persona fiel al espíritu de los padres fundadores. El padre Gay nació en Rosario el 7 de enero de 1906 y se ordenó sacerdote en Palestina en 1931. Desde el año 1932 dictó clases de matemática, física y zoología en el Colegio y al fallecer en 1974 se desempeñaba como vicerrector y director de estudios y fue él quien escribiera la letra del himno del Colegio. Todos los relatos nos hablan de una persona dura, de carácter fuerte aunque con profunda humildad, al que no le temblaba el pulso si tenía que sancionar a un alumno que no se comportara como es debido; seguramente muchos de sus alumnos lo habrán visto con temor al principio pero al egresar del Colegio se dieron cuenta de que a pesar de esa áspera corteza dentro había una enorme persona y un enorme docente formador de hombres al que recordarían con mucho cariño. La docencia fue una pasión en su vida al igual que la naturaleza como obra de Dios lo que indudablemente lo condujo a interesarse por la matemática, la física, la astronomía y la zoología. El padre Gay solía decir que "las matemáticas llevan a Dios, porque toda la creación es un cálculo de Dios". Pero no solo se interesaba por la ciencia sino también le interesaba la pintura y la escultura y se valía de cualquier elemento para realizar una obra: cuero, hojas secas, estampillas, madera, bronce, etc Al igual que el padre Pommés, el padre Gay también estuvo a cargo de la disciplina del Colegio y también eligió como morada la Torre, cerca de la cúpula que alberga al telescopio, a un paso de las estrellas. En el mismo lugar donde hoy en día se dictan los cursos de astronomía del Observatorio San José, algo que, sin pensarlo premeditadamente, está en un todo de acuerdo con dos pasiones del padre Gay: la docencia y el universo. Luego de su muerte, laTtorre se sumergió en un período de oscuridad, silencio y olvido por varios años...
Nace el OSJ
Se había pensado reabrir el Observatorio para la Feria de Ciencias de 1981 pero no se pudieron poner los mecanismos de la cúpula en condiciones (apertura de la escotilla, giro de la cúpula, los movimientos de declinación y ascensión recta del telescopio y su sistema de relojería para el seguimiento) y tampoco había instalación eléctrica así que se continuaron con las tareas para la rehabilitación y para la Feria solo se abrió el Gabinete de Física. Para el año 1982 la cúpula ya estaba operable y así fue como para la Feria de Ciencias de ese año el Observatorio volvió a la actividad luego de un largo ensueño y para ese año se sumaba a la comunidad de observatorios amateurs con sus primeros trabajos observacionales. Durante el año 1983 continuaron los arreglos en las instalaciones ya que aún quedaba bastante por hacer después de tantos años de abandono. Fue un gran trabajo volver a poner todo en movimiento pero aún faltarían algunos años hasta liberarse totalmente de tener que abrir la escotilla y girar la cúpula en forma manual lo cual insumía hasta media hora y dejaban a los jóvenes aficionados extenuados. En el año 1984 se organizó el primer curso de astronomía para alumnos del colegio, el profesor Eduardo Guelfo recorrió las aulas de 3º, 4º y 5º año convocando a los alumnos que inicialmente demostraron un gran interés anotándose alrededor de 70. El curso fue dictado por Ricardo Castiñeiras, Diego Giraudi y Miguel Sagreras, ya exalumnos del Colegio y en ese momento estudiantes de la carrera de ingeniería. A partir de ese entonces empezó a tomar forma el grupo que retomó las actividades del Observatorio San José. Para las clases, el OSJ disponía del antiguo Gabinete de Física que hacía las veces de aula, cuarto de revelado y sala de reunión a la vez y cuando llegaba el turno de observar había que trasladarse hasta la cúpula cruzando el antiguo patio de "4º y 5º" y subir los casi 10 pisos de altura hasta el telescopio por lo cual era muy importante no olvidarse ningún elemento en planta baja. En una época en la que no existían los celulares (que no fue hace mucho tiempo) la forma de darse cuenta si alguien ya había subido a la cúpula era comprobar si estaba izada la bandera en el pararrayos de la Torre devenido en mástil. La recuperación de la Torre La evolución del OSJ El interés por la astronomía Durante los primeros años, muchos alumnos del Colegio se acercaron a participar de los cursos y, posteriormente, a formar parte del grupo de trabajo del OSJ donde se desarrollaban las actividades de observación las cuales eran reportadas a distintas instituciones astronómicas de la Argentina y del exterior. El hecho de estar cursando la escuela secundaria y, en algunos casos, los primeros años de la universidad, implicaba que los miembros del Observatorio dispusieran del tiempo suficiente para dedicarle a actividades de observación y fotografía. Pero esta situación se fue revirtiendo con los años; en parte porque el interés de los alumnos del Colegio por las ciencias "duras" no es el mismo que en otras épocas. Si bien hoy en día existe, en los alumnos y el público en general, interés por incorporar nociones básicas acerca del universo, no hay una verdadera inquietud por formar parte de un grupo de aficionados a la astronomía. Por otro lado, con el paso de los años, las responsabilidades de los miembros del OSJ fueron pasando de ser meramente estudiantiles a ser responsabilidades de tipo laborales y familiares, lo cual significó que los tiempos dedicados al OSJ se fueran acortando. Todo servido de la mano de la tecnología Otra circunstancia que modificó la forma de
trabajar en el OSJ fue el avance en la tecnología. Hasta
mediados de la década de 1990, existían actividades
a través de las cuales el astrónomo aficionado tenía
la oportunidad de contribuir con sus observaciones al mundo de la
astronomía profesional y sin la necesidad de contar con costosos
instrumentos. Un ejemplo típico es la observación
solar cuyo objetivo es medir la actividad solar por medio del conteo
de manchas y así determinar los ciclos solares de 11 años.
El trabajo consiste básicamente en proyectar la imagen del
Sol utilizando un telescopio y dibujar en papel las manchas solares,
contarlas, medir algunas variables meteorológicas y con estos
datos calcular un parámetro denominado número de Wolf.
Este trabajo se hacía al mediodía, sobre todo en los
años en que varios de los miembros del OSJ eran alumnos del
Colegio y se enviaban al Solar Index Data Center (SIDC) en Bélgica. Este es solo un ejemplo y podríamos citar varios más, como el del telescopio espacial Hubble que nos brinda unas imágenes espectaculares del universo que jamás podríamos ver a través de un telescopio como aficionados desde el patio de una casa o desde un balcón de un departamento. Sin embargo, no hay como contemplar los astros con los propios ojos y ser uno mismo el que descubre sus secretos: los satélites de Júpiter, los anillos de Saturno, los cráteres y montañas de la Luna, etc... El gran desafío es transmitir este interés y esta motivación a las nuevas generaciones para que no pierdan la fascinación ante tanta oferta de información que hay disponible hoy en día y que puedan disfrutar mucho más de lo real que de lo virtual. Contaminación lumínica El incremento de las luminarias en la ciudad también contribuyó a la merma en las actividades de observación en el OSJ. En la década de 1980 era posible levantar la vista en una noche cualquiera y distinguir estrellas de 4º y hasta 5º magnitud, también era posible reconocer muchas constelaciones y hasta discernir la Vía Láctea. Hoy eso es imposible y se hace muy difícil hacer astronomía a simple vista en un cielo que, si bien por estar el observador en medio de una ciudad nunca fue el mejor, cada año empeora más. La divulgación de la astronomía La divulgación ha sido una constante en el Observatorio a lo largo de los años aunque ha sido llevada a cabo de distintas maneras desde los inicios hasta el presente. Unos años después de la reapertura, en 1984 y después de haber asistido a diversos cursos en la Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, los exalumnos que estaban trabajando en el OSJ decidieron dictar un curso de astronomía para aficionados en el Colegio San José. Durante muchos años, estos cursos estuvieron dirigidos exclusivamente a alumnos del Colegio y se dictaba uno por año cuya duración coincidía prácticamente con el período lectivo; los contenidos eran bastante extensos, con mucha matemática y física pero igualmente los alumnos mostraban bastante interés. Con el paso de los años esta situación fue cambiando como mencionáramos anteriormente, en principio fue necesario acortar la duración del curso ya que los alumnos empezaban a perder interés y no lo terminaban. A esto se sumó el hecho de que ya no eran tantos alumnos los que se anotaban el curso del OSJ y por esta razón, al comenzar la década de 1990, se obtuvo la autorización del Colegio para abrir el curso al público. A raíz de este cambio, los miembros del OSJ tuvieron que incursionar en una nueva tarea: la publicidad del curso. En épocas en las que ni internet ni el correo electrónico eran las herramientas que son hoy en día, se requerían métodos más tradicionales. Cuando los recursos lo permitían, se publicaba algún aviso clasificado pero esto no siempre fue posible por lo tanto muchas veces la solución fue hacer fotoduplicaciones de un pequeño afiche, preparar engrudo y salir a empapelar los sitios céntricos de Buenos Aires. Esta metodología era acompañada por la colocación de avisos en las universidades y otros colegios a través de conocidos. Los resultados fueron siempre aceptables y, en mayor o menor medida, el OSJ siempre pudo contar con nuevos alumnos para sus cursos. Recogiendo las opiniones de las personas que se acercaban al curso del OSJ, se llegó a la conclusión que era necesario adaptarse a las necesidades que los alumnos del Colegio o el público en general pudieran tener en cuanto a sumar conocimientos astronómicos. Quizá la reapertura del Observatorio coincidió con algunas camadas que estaban dispuestas a aprender astronomía en forma más profunda y práctica pero la realidad es que había mucha gente se conformaba con un conocimiento meramente informativo y esa era su meta, además no todos podían comprometerse a una actividad como un curso de astronomía amateur por 6 meses. Es así que desde el año 2000 se decidió dictar tres cursos en el año: Astronomía Observacional, Sistema Solar y Astronomía Estelar. Se trata de cursos compactos, de cuatro clases cada uno, con una parte teórica en el aula y otra práctica con el telescopio que se adaptan mucho mejor a las inquietudes actuales de alumnos del Colegio y del público que se acerca a aprender astronomía como un hobby. A partir del año 2001, el OSJ encaró otra forma de divulgación distinta. La idea se venía gestando desde hacía unos años y consistía en organizar una muestra abierta al público de forma de mostrar el Observatorio no solo como un lugar donde se puede compartir una charla de astronomía sino también como un sitio histórico y museo a la vez. Así fue como los días 20, 22 y 23 de junio de 2001 se realizaron las primeras Jornadas Abiertas las cuales estaban focalizadas en el planeta Marte dado que en esos días se produjo la oposición del planeta rojo. Para esta primera jornada se inauguró la Sala de Antiguos Instrumentos donde se habían recuperado varios de los aparatos que se utilizaban en el antiguo Gabinete de Física que fueron comprados por el Colegio entre fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Estas jornadas son de carácter gratuito y libre y tienen bastante convocatoria en padres y alumnos y público en general. Dada las características históricas del Observatorio San José con su telescopio de 1913, su Torre y la Sala de Antiguos Instrumentos, a fines del año 2005 el OSJ se puso un nuevo objetivo: formar parte de La Noche de los Museos. La Noche de los Museos es un evento que organiza la Dirección General de Museos de la Ciudad de Buenos Aires una vez al año en donde museos públicos y privados de Buenos Aires abren sus puertas al público en forma totalmente gratuita. En el año 2006 el OSJ hizo las gestiones y se incorporó a la Red de Museos Porteños por lo que ese mismo año fue convocado para formar parte de uno de los recorridos de La Noche de los Museos. Esta participación significa tanto para el OSJ como para el Colegio una importantísima vidriera donde exponer el patrimonio educativo, cultural y arquitectónico heredado de los padres fundadores. Agradecimientos
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Otras fuentes consultadas sobre la historia del Observatorio
Fotografías históricas de la vida en el Colegio San José Fotografías históricas del edificio del Colegio San José
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